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Es
por esta razón que ha llegado a ser víctima de
varias dificultades y calamidades. Mientras
recibe incalculables beneficios de la Providencia,
no le ofrece nada a cambio ni a la Naturaleza ni a
Dios.
Esto
demuestra cuan desnaturalizada y desalmada es la
conducta del hombre. Siendo que se nos manda
devolver bien por mal, ¡cuán indigno resulta el ni
siquiera devolver bien por bien!
El
hombre debiera aprender la gran lección que la
Naturaleza intenta enseñarle – la lección del
prestar servicio sin esperar nada a cambio.
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